Los escritores también se equivocan

Atendiendo a la petición de varias personas, y porque me pareció muy interesante y quizá útil para cualquiera que quiera iniciarse o mejorar en la literatura, voy a intentar dar algunas pinceladas de la mesa redonda que tuvo lugar el pasado sábado en el marco del Salón del Libro Infantil y Juvenil de Madrid, en el que participamos César Mallorquí, Care Santos y un servidor, convocados por El Templo de las Mil Puertas. El título de la misma era: Los escritores también se equivocan. No entendí cómo me habían llamado a mí para compartir mesa con sendas bestias literarias hasta que supe de qué iba a tratar el coloquio, jejeje.

ALGUNAS EQUIVOCACIONES
(no quiere decir que los tres participantes las compartamos, sino que salieron a la palestra)

– Pretender escribir LA NOVELA, intentando incluir en ella todo lo que uno cree que funciona, incluso traicionando lo que realmente querría escribir.

– Dejar la novela por un momento de bajón, porque llegas a un punto en el que empiezas a no creer en ella. En el proceso de escritura de una novela hay momentos de euforia, de efervescencia de ideas, en los que el proyecto parece invencible, pero también hay otros momentos en los que te preguntas: ¿qué hago escribiendo esto?, ¿a quién le va a interesar esta historia? En esos momentos hay que ser fuerte y tirar para delante. Al final, puede que realmente sea una mierda o que no lo sea. En ambos casos, terminarla te habrá ayudado a crecer.

– No apuntar los nombres de los personajes, sobre todo de los secundarios, y cambiarles el nombre sin darte cuenta a la mitad de una novela.

– OMBLIGUISMO: Escribir casi exclusivamente de lo que te ocurre, de tus problemas… Esto tiene varios inconvenientes:

Nuestra vida es muy limitada y, muchas veces en contra de lo que creemos, muy aburrida para un posible espectador o lector.

Usas menos la imaginación. Te agarras a lo conocido y no buscas explorar algo nuevo.

– Escribir MALAS DIGESTIONES de otros libros de éxito: Intentar escribir refritos de los superventas actuales.

– PAJAMENTALISMO: Divagar y salirte de la historia muy a menudo o durante mucho espacio. No es mala la reflexión, pero sí el exceso de la misma en una novela, que parece que tiene que invitar a pensar de una forma más indirecta, por lo que ocurre en ella.

– Empeñarte en demostrar en cada línea lo bien que escribes. Adornarte con palabras rebuscadas, con las estructuras gramaticales más enrevesadas, con personajes originales e intensos en cada uno de sus diálogos… Ya decía Machado que «Los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa» queda más poético dicho así: «Lo que pasa en la calle». También decía, a raíz de lo anterior, que la literatura cada vez era más escrita y menos hablada, y que ahí salía perdiendo: peor prosa, más fría y con menos gracia.
(aquí recordé que una de las correcciones que hacía César Mallorquí de sus libros era leerlos en voz alta. Insistió en que era muy útil, que delataba algunos fallos en la fluidez narrativa y que te ayudaba a leerlo de verdad, porque a la tercera o cuarta revisión de un mismo texto, más que leerlo, lo que haces es ir recordándolo, completándolo con tu memoria, no con lo que realmente pone).

– Considerar tu texto sagrado. Bajo esta premisa, cualquiera que quiera aconsejarte algún cambio, matiz, etc. estará equivocado. Ya sea tu amigo o tu editor. Es cierto que ninguno aceptaría cambiar algo sustancial de la obra, que vamos con ella hasta las últimas consecuencias (sean buenas o malas), pero tampoco hay que estar cerrados en banda a consejos para mejorarla.

– Y lo contrario, decir «sí» a todas las sugerencias. La inseguridad de muchos escritores (los tres de la mesa la manifestamos) no puede llevarte a aceptar todo lo que te propongan. Al fin y al cabo, el nombre que va a aparecer al lado del título va a ser el del autor, no el de los aconsejadores.

– Por último, añado un vídeo que el propio César mencionó durante la mesa y que creo que es el colofón perfecto a este tema de errores convertidos en consejos.

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