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La conquista

¿Quién ganaría en una batalla entre personajes de libros de fantasía y personajes de libros realistas? ¿Quién conquistaría a quién? En este relato-artículo intento aportar mi punto de vista.

Los dos batallones avanzaban el uno hacia el otro, reduciendo el espacio de llanura que los separaba. A un lado, incontables personajes de libros de fantasía: magos, elfos, vampiros, dragones, extraterrestres, zombis, hadas, espíritus… Al otro lado, personajes de libros realistas: espías, enamoradizos, delincuentes, profesores, mafiosos, padres, drogadictos, bandas enteras…

—¡Estamos hartos de tanta realidad! —se oía desde las filas fantásticas—. Nos importa muy poco lo que pase en la calle. No queremos más problemas sociales, ni historias de amor verosímiles, ni aventuras que se tengan que ceñir a las leyes de la física de este mundo que para nosotros es una cárcel de la que escapar. Los que quieran realidad, ¡que vean el telediario!

El rugido casi animal de todo el batallón asustaba incluso a sus propios miembros.

Las tropas realistas no se quedaban cortas:

—¡Conquistemos el territorio de la fantasía! Que nos dejen ya de mundos alternativos, de anacrónicas espadas, de reinos inventados, de seres mitad A mitad B divididos por C, de soluciones mágicas para todo. Si quieren vivir en otros mundos, ¡que se vayan a Marte!

Ambos batallones estaban tan cerca que ya podían oler el odio del adversario. Parecían dos sunamis a punto de encontrarse.

Cuando la colisión parecía inminente y difícilmente evitable, ambos bandos se detuvieron, dejando entre medias un pequeño pasillo. Murmullos de tensión. Estaban tan cerca que ya podían distinguir las caras de los enemigos. Quizá todos estaban esperando un «¡¡¡A por ellos!!!» para lanzarse a matar o a morir, o a ambas cosas (siempre en el mismo orden).

Un joven poco sociable dio unos pasos hacia delante, abandonando las filas realistas. Cruzó el pequeño pasillo y se colocó frente al espíritu de un niño. Lo señaló con el dedo. La tensión, que parecía no poder aumentar más, se multiplicó por dos.

—Pero si tú y yo somos personajes del mismo escritor.

—¡Es verdad! —respondió el espíritu y no dudó en abrazarlo con sus brazos casi transparentes.

El mismo caso se repetía a lo largo de los frentes. Miembros de un lado cruzaban al otro o se encontraban en el centro, algunos visiblemente emocionados.

Además, una anciana y poderosa maga, omnipresente en una de las mejores sagas de fantasía confesó que su sueño era aparecer en una novela negra.

—Aunque sea de mala.

Un cantante de rock que protagonizaba una famosísima serie de novelas reconoció con orgullo que su primera aparición («mi nacimiento») había tenido lugar en una distopía.

—Moría pronto, pero guardo un muy buen recuerdo.

Infinidad de casos similares se oían por doquier. Ambos bandos se mezclaban, se reunían en grupos, charlaban, se contaban batallitas, encontraban nexos de unión con los otros…

Poco a poco, una idea fue extendiéndose a una velocidad endiablada. No sabían a quién o a quiénes se les había ocurrido, pero tenía tanta fuerza que cada personaje que la oía no podía evitar estar de acuerdo y además sentía la necesidad de transmitirla.

Una voz sin cuerpo, protagonista de un libro, atronó sobre las cabezas de todos:

—¡Si alguien no está de acuerdo con la idea, que lo manifieste ahora!

Todos se callaron de repente. Nunca se ha «escuchado» un silencio semejante en una multitud tan inmensa.

De pronto, todos los personajes de los dos batallones, convertidos en uno solo, te miraron y se lanzaron a por ti. Cuando quisiste reaccionar, era tarde. Estabas rodeado. Estabas totalmente conquistado.

(Artículo publicado en el desaparecido diario de literatura juvenil El Tiramilla)

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Draúl, un nuevo amigo de Leo (Dragonario)

El animado y animoso Draúl ha pasado a formar parte del Dragonario, una recopilación de cuentos e ilustraciones de amigos de Leo, el dragón Lector.

Antes de presentaros a Draúl, tendré que deciros quién es Leo. Se trata del dragón que habita en las librerías El Dragón Lector (Madrid), especializadas en literatura infantil y juvenil. El proyecto del Dragonario surgió en 2013. Es un conjunto de dragones escritos e ilustrados por amigos de la librería, y por tanto de Leo, y que tienen algo en común: la animación a la lectura. Puedes ver las ilustraciones, leer los cuentos y escuchar algunos en Dragonario.

Se trata de una colección coherente con el ideario y la labor desarrollada por la librería El Dragón Lector y por sus creadores, Pilar Pérez y José Villota, desde su creación: promover la lectura en los niños y niñas.

Para participar en el proyecto, he escrito un cuento de un dragón que se llama Draúl y que es muy animado y un poco impetuoso.  De la ilustración se ha ocupado Ester González. Puedes escucharlo en la voz de la propia Pilar o leerlo a continuación.

¡Quiero una A!

Draúl volvió del colegio de los dragones dándole vueltas a una conversación que había escuchado a medias:
-Están buscando animadores… -le había dicho Drosa María, la de secretaría, a una compañera suya.
Luego dijo otras cosas que no llegó a entender.
-¿Dónde hay que apuntarse? -preguntó la pequeña dragona.
-Aquí.

Cuando Draúl llegó a casa, les comunicó a sus padres, Drebeca y Dramón, que se iba a apuntar a animador. Estaba emocionado. A ellos les pareció muy bien:
-Te animamos a que seas animador.
En su cuarto, hizo estiramiento de alas, saltos pequeños y grandes y un pequeño baile sin música. Usó los cojines como pompones y empezó a gritar:
-¡Dame una D, dame una R, dame una A, dame una U, dame una L… DRAAAAAAÚLLLL!
Por si acaso le hacían algún tipo de prueba, cogió veintisiete hojas en blanco y un rotulador de punta gorda. Escribió una letra del abecedario en cada hoja, bien grande.
-Así podré mostrar el nombre de cualquier equipo, jugadora o lo que sea.
Sin embargo, pensó que si le tocaba animar a alguien que se llamase como su madre, Drebeca, iba a tener un problema. Su nombre tenía dos es y él sólo tenía una.
Cogió otras veintiseite hojas y volvió a escribir las veintisiete letras del abecedario.
Sin embargo, pensó que si le tocaba animar a alguien que se llamase como la de secretaría, Drosa María, iba a tener un problema. Necesitaba tres aes.
Veintisiente hojas más para veintisiete letras.
La tranquilidad le duró poco. Sus escamas empezaron a temblar en cuanto le vino a la mente el nombre de su colegio, que era también el nombre de los equipos de dragoncesto y del resto de deportes: Mercedes de los Reyes.
¡¡¡¡¡¡¡Siete es!!!!!!!

Al día siguiente, se presentó en secretaría en ropa de deporte y con un taco de casi doscientas hojas.
-Buenos días, Draúl -le dijo Drosa María.
-Venía a apuntarme como animador. Mira, he venido preparado.
Buscó varias letras y empezó a bailar mientras decía:
-¡Dame una D, dame una R, dame una O, dame una S…!
-¿Qué haces? -le interrumpió Drosa María.
Draúl se detuvo.
-Estoy animando. Ayer escuché que buscabais animadores y que había que apuntarse aquí.
La dragona empezó a reírse.
-Ay, Draúl, Draúl. Lo que estamos buscando son animadores, sí, pero animadores a la lectura. Ja, ja.
Draúl abrió tanto la boca que casi se le vió el órgano en el que nacía el fuego. Sus alas perdieron fuerza y dejó que cayeran y se arrastraran por el suelo. ¡Qué error!
-¡Un momento! -Drosa María le hizo reaccionar-. Se me está ocurriendo algo.
La dragona buscó un espacio amplio en el suelo y le dijo al alumno:
-Dáme una E.
Draúl obedeció y ella colocó la hoja en el suelo.
-Dame una R… Dame una A… Dame una S… Dame una E…
Y así, hoja a hoja, letra a letra, empezó a leerse en el suelo del colegio:
ÉRASE UNA VEZ…

Aquí un vídeo de la ilustradora en el que se pueden ver momentos de su creación: